A menudo las enfermedades oculares se pueden desarrollar presentando pocos o ningún síntoma, y existen algunas que incluso pueden ocasionar pérdida de la visión y ceguera.

El 30 por ciento de las personas mayores de 55 años sufre alguna patología de retina, siendo las más comunes la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), la retinopatía diabética y las enfermedades derivadas de la alta miopía.

Degeneración macular

En concreto, la DMAE, que es la primera causa de ceguera en el mundo, se puede clasificar en húmeda (exudativa) y seca (atrófica). La gran mayoría de los casos de pérdida grave de visión se deben a formas húmedas que, en algunas ocasiones, pueden provocar un deterioro importante de la calidad de vida del paciente en tan solo ocho semanas.

La DMAE húmeda se produce tras la aparición de pequeñas venas anormales que acaban destruyendo la mácula y que conducen a una pérdida de visión justo en el centro del campo visual. Existen fármacos antiangiogénicos que, en un elevado porcentaje de los casos, permiten frenar el avance de la enfermedad, aunque no suele recuperarse toda la visión perdida.

Prevención

Por esta razón, es importante subrayar la importancia de acudir al oftalmólogo en cuanto se detecten los primeros síntomas, para poder comenzar el tratamiento de manera inmediata. Las revisiones periódicas deben ser un hábito a partir de los 50, ya que la detección precoz es la única manera de abordar afecciones como la DMAE.

El hacerse un examen de la vista con regularidad, es decir, por lo menos una vez al año, incluso sin detectar síntomas leves, es la mejor manera de protegerse. Si su profesional de la vista detecta un problema oportunamente, se puede hacer mucho por ayudarlo a preservar su visión.

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